Puedo decir con certeza y alegría que hoy no camino sola, ni tú tampoco. No importa lo que traigamos en nuestro corazón, nunca caminamos solos. Dios está siempre con nosotros, sin importar la adversidad o qué tan difícil sea el problema. Suelta y deja en manos de Dios tu vida.
En ocasiones llegamos a un punto donde decimos que ya no podemos más. Imploramos a Dios que nos quite esa pesadez del corazón, el dolor, la preocupación, la ansiedad… pero muchas veces eso Dios no lo quita, y no porque no sea capaz, sino porque debemos pasar ese proceso. Pero lo que sí podemos hacer es pedirle a Dios que nos acompañe en el proceso, que trabaje en nuestro corazón, que nos dé consuelo y compañía hasta el final.
Noches anteriores pedí a Dios que quitara el dolor de mi corazón, pero hoy entiendo que debo pasar por eso a raíz de la situación que estoy atravesando en este momento. Comprendí que el dolor debo vivirlo, debo soltarlo con madurez, pero también entendí que puedo vivirlo acompañada de Dios. Y puedo decir que se siente diferente: puedo comprender la voluntad de Dios, aceptarla y soltar.
Si pasas por algún momento de angustia, pero sabes que no puedes quitártelo por ahora, pídele a Dios que te acompañe en el proceso. No hay proceso, por más doloroso que sea, que no pueda ser aliviado por Dios. Él es fiel a nosotros incluso cuando nosotros le fallamos. Así de grande es el amor que Él tiene por nosotros. Su misericordia es infinita. ¡Somos las niñas de sus ojos!
Camina con Dios a tu lado, porque cuando caminas con el gigante, no hay nada en este mundo que te pueda derribar.
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.”
Isaías 43:2

