¿Eres de las personas que ven el vaso medio vacío o medio lleno?
Muchas veces nos enfocamos en lo que estamos pidiéndole a Dios o en las pruebas que estamos atravesando, y dejamos de ver lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Olvidamos agradecer por lo dichosos que somos.
Y quizá suena muy cliché decir que mientras te quejas de tu casa, hay personas que no tienen dónde vivir, o que desprecias tu cena mientras otros no tienen qué comer. Y no vengo a darte una lección cliché, pero sí quiero pedirte que detengas lo que estás haciendo en este momento, mires a tu alrededor y contemples lo que has logrado, lo que tienes y, principalmente, la salud que tienes.
Considero que soy una mujer afortunada. Puedo decir que, aunque no ha sido fácil, he logrado lo que me he propuesto y, para rematar, Dios me bendijo con tres hermosos hijos, llenos de salud y de metas por cumplir.
Los últimos años mi vida se ha puesto difícil, pero en medio de la prueba hoy me detengo a agradecerle a Dios por nunca soltar mi mano; por darme a mí y a mis hijos la oportunidad de ver sus maravillas, de vivir en un ambiente de paz en nuestro hogar y de tener un propósito de vida.
Independientemente de lo que estés atravesando, levanta tus manos, mira al cielo, dale tu mejor sonrisa y muéstrale gratitud, porque si hoy abres los ojos es porque su gran misericordia te alcanzó un día más.
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
1 Tesalonicenses 5:18

