A menudo pasamos por situaciones que se convierten en un reto para nosotros, donde nos enfrentamos a un gigante. Y con esto no me refiero a una persona de más de dos metros con armadura, sino a que, en muchas ocasiones, ese gigante vive dentro de nosotros mismos.
Llámese ansiedad, o una relación que debes soltar, depresión, dificultades económicas, adicción a la pornografía, a las apuestas, alcoholismo o cualquier otro vicio o pecado que nos mantiene atados.
En la historia de David y Goliat sabemos que David no era el más fuerte de todos; por el contrario, era el más joven y débil de los que enfrentaban a Goliat. Y sin armadura, solo necesitó una piedra para golpearlo y derribarlo, porque sabía que el Dios en quien confiaba estaba a su lado en todo momento, y tenía la fe de que iba a ser respaldado.
Así que debemos usar la fe en Dios para poder derribar a los gigantes a los que nos enfrentamos a diario. Pero no se trata solamente de derribarlos: una vez que Goliat estuvo en el suelo, David cortó su cabeza.
De la misma manera, podemos usar nuestra fe para derribar cada uno de esos gigantes, pero no basta con tirarlos al piso; debemos cortarles la cabeza. Y eso lo logramos manteniéndonos firmes a los pies de Cristo.
No importa qué tan grande sea el gigante al que te enfrentas, Dios, nuestro Señor, es aún más grande para derribarlo y cortarle la cabeza, para liberarnos del pecado, para limpiarnos y librarnos de todo mal.
Que tu fe esté en Cristo y no tu miedo en el gigante al que enfrentas.
“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.”
1 Samuel 17:45

